Pienso, luego compro. 15 de marzo, día internacional del consumo responsable.

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“Los humanos son, para mí, la especie que lleva fundas… Solíamos pensar que los humanos eran la especie que fabricaba herramientas, pero ahora sabemos que algunos pájaros e insectos también hacen herramienta; pero creo que somos la única especie que lleva sus posesiones en una funda.”

Aunque Roland Clift dijo esto mientras hacía una comparación de las fundas plásticas vs. las fundas de algodón, esta visión de gente por todos lados llevando montones de fundas fue reveladora y me pareció una radiografía de la sociedad actual. Somos una sociedad consumista. Consideramos “ir de compras” como una actividad de ocio y nuestro bienestar lo medimos según cuántas fundas llevamos y que tan llenas estén, sin echarle mucha cabeza a las consecuencias de este comportamiento.

Independientemente de que basar nuestra felicidad en bienes materiales me parezca algo aterrador de la sociedad actual, hay asuntos concretos que debemos tomar en cuenta acerca de esta forma de consumo: Uno, vivimos en un planeta finito, es decir, que los recursos que podemos consumir son limitados; y dos, somos la única especie que produce desechos que la tierra no puede digerir. Ambas situaciones combinadas son una receta para el desastre y ya estamos viviendo las consecuencias.

Casi todos hemos visto los videos de animales marinos con plásticos en su estómago, derrames de petróleo en los mares, ríos envenenados por la minería, inundaciones como consecuencia de la deforestación, etc. Pues todas esas afectaciones a la naturaleza se dan justamente por nuestra forma de consumo, incluso estando lejos del área afectada. Si queremos ir en carro a todos lados, hay que extraer petróleo; si queremos celulares nuevos cada año, hay que explotar las minas; si queremos comprar ropa nueva cada semana, hay que cultivar algodón o extraer petróleo para fibras sintéticas. Todo es hecho a partir de materias primas.  Y si además lo botamos a la basura después de usarlo, es un desperdicio absoluto de material y energía.

Es importante que entendamos que las cosas no “nacen” en las perchas del supermercado, son producidas por gente, a partir de recursos naturales, y muchas veces su producción causa daño a esas personas y al medio ambiente.

¿Qué puedes hacer individualmente para contrarrestar esto? Piensa antes de comprar. Reduce lo que más que puedas y pregúntate si verdaderamente necesitas lo que estas comprando. Si no estas seguro de necesitarlo, no lo compres.  Investiga acerca de lo que compras: elegir productos amigables con el medio ambiente es mucho más que elegir un empaque reciclable. Pregúntate de dónde vienen los materiales y la mano de obra de las cosas que usas. ¿Dónde fueron hechas, de qué forma, cómo se transportan, qué tanto afectan al medio ambiente y a las comunidades donde se producen, qué pasa con ellos después de que las desechas? Intenta comprar productos locales, de buena calidad, no desechables, con poco empaque, orgánicos si es posible y de comercio justo.

El cambio comienza con la intención y la voluntad de cambiar. Nosotros tenemos el poder y la responsabilidad de elegir la forma en la que consumimos.

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